Debo ser algo ingenuo y masoquista a la vez, porque siendo casi las nueve de la noche, como si no hubiera pasado otra cosa, dediqué una maratónica sesión de doce horas –en segundo plano, mientras hacía otras cosas- al noticiero de cable con mayor audiencia en la Argentina. Durante ese lapso, casi exclusivamente y excepto dos o tres cortes, el canal se limitó a registrar las alternativas de la “largada simbólica” del Dakar 2009, Argentina – Chile. Referirse a la importancia del evento sería una redundancia, el público convocado en Palermo y en las inmediaciones de la Plaza de la República superó las expectativas de los organizadores. Esta circunstancia, entre otras, abona el entusiasmo que despierta en buena parte de la población, pero no es éste el tema que quiero considerar sino el pésimo conocimiento y la paupérrima cobertura periodística que ya resulta bochornosa.
Para ilustrar al lector, van algunas acotaciones que afirman la conclusión del párrafo anterior.
Una locutora del segmento matutino se refirió, en varias oportunidades, al rally “Dakar – París”, bautizando el acontecimiento a su antojo –y al revés- como si desconociera el título de esta edición.
En exteriores el cronista asignado en el predio de la Sociedad Rural Argentina, Dakar Aldea, parafraseaba: “Son quinientos veintiún vehículos, es decir quinientos y veintiuno más…”, como si le costara tomar conciencia de la dimensión de la serie.
El mismo cronista, destacando el espíritu solidario de los pilotos, repitió hasta el hartazgo la vieja frase “Hoy por tí, mañana por mí”, destacando que en “el fuera de pista” los participantes tienen por objeto la preservación de la flora y fauna, sino que también están obligados a resguardar la “arqueología” (sic), de las regiones que están comprendidas en el circuito.
Hacia el mediodía, quizás debido al cansancio de la extensa cobertura, el movilero –cuyo nombre prefiero no citar por vergüenza ajena-, refiriéndose a la destreza de los pilotos de cuatriciclos, indicó que “… tienen que mirar para… eeehhh… adelante y, eeehhh… al mismo tiempo los instrumentos…eeehhh… el GPS…”. Muy bien, me dije, es de esperar que los pilotos, no solo los de los cuatriciclos, miren preferentemente hacia delante, claro está, y sin titubear como el autor de semejante deducción.
Mientras tanto, la voz de la conductora de turno salía al aire destacando las bondades de estos pequeños vehículos, a su juicio menos riesgosos que las motocicletas porque “tienen cuatro puntos de apoyo…”. Sí, así es, los cuatriciclos tienen cuatro puntos de apoyo que ruedan en simultáneo, y sin duda son más estables que las motocicletas, eso ha quedado más que claro.
Cabe destacar que durante más de ocho horas ningún dato de importancia cambió la tendencia en baja, a excepción de una mediocre infografía que animaba el trazado del raid porque a esa altura nadie en el noticiero podía siquiera recordar el nombre de las ciudades argentinas (mucho menos las chilenas) comprometidas en el recorrido de los próximos días.
Hacia la noche y mientras los vehículos desfilaban por la avenida 9 de Julio, para pasar por la plataforma de la simbólica largada , pareciera que el staff del noticiero, tras divagar incoherentemente durante toda la “cobertura especial”, se hizo de algún material informativo, nombres, marcas y modelos, no fuera que otro canal tomara ventaja de semejante descuido.
No obstante, antes de abandonar la posta, la conductora coqueteó con algunas referencias a “la historia del histórico evento” (sic), en tanto que el sempiterno y nunca relevado cronista admitía exultante que los argentinos “no tenemos cultura del Dakar” (sic). Es evidente que estas expresiones al voleo confirman lo limitados que somos en el uso de nuestra lengua, por lo que me pregunto si no sería mejor callar y admitir nuestra propia ignorancia –me incluyo- antes de abrir la boca.
Podemos estar de acuerdo o no con la línea editorial del medio, no en mi caso y eso es harina de otro costal, pero de ahí a soportar semejante sarta de obviedades, redundancias y ramplonerías es propio de masoquistas y demasiado para arrancar el año.
Veníamos mal y empezamos peor.
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